Rebeldía

1671124

“Y desmontando rápidamente de su dorado corcel, el pequeño elfo se puso a correr tan rápidamente que ni el viento pudo seguirle en su huida, intentando buscar en su memoria una situación como aquella de la que hubiese salido con antelación…”

-¿Qué se puso a huir?

Andrés estaba sentado en su mesa, rodeado de papeles y con un grueso pliego de folios en la mano, desde los cuales narraba uno de los últimos capítulos de su próxima historia. A su alrededor, todos los personajes de sus cuentos le miraban, algunos fijamente, otros con cara distraída. Entre todos ellos destacaba el pequeño elfo (no tan pequeño en comparación con el escritor, pues es sabido que los elfos son desde niños de talla elevada) al que hacía referencia en ese instante, que, levantándose y andando con los brazos en jarra hacia él hasta ponerse a dos palmos de su cara, le miraba con la peor expresión que era capaz de componer.

-¿Cómo que se puso a huir?

-Pues claro –Andrés espantó con las hojas a una mosca que insistía en posarse en a punta de su nariz con aviesas intenciones-. Tú sólo no puedes contra el dragón que se acerca, y lo sabes. Además…

-¡De además nada! –su voz temblaba por la ira. Bruscamente le arrebató al joven escritor el puñado de hojas que aún sostenía, y con ellas en la mano, zarandeándolas enérgicamente, continuó ahora dando gritos que su garganta infantil deformaba en ocasiones-. Cuando dejaste que esos bandidos me dieran una paliza no te dije nada. Tenía que seguir la historia. Cuando me tirante en un charco de barro ante la princesa tampoco protesté. Debía ser así… ¡Y así podría seguir con muchas cosas más!
A su espalda, dos de los bandidos que se encontraban sentados sobre la cama, al recordar la escena, se pusieron a reír quedamente, por lo que inmediatamente el padre del elfo, muerto en el segundo capítulo y que se aburría como una ostra, les mandó callar, divertido por una vez con la disputa.

El pequeño elfo intentó romper en varios pedazos el grueso fajo de folios, y como no pudo hacerlo se contentó con desparramarlos por toda la habitación arrojándolos al techo. La princesa, contrariada con la discusión, comenzó a recogerlas, una a una, uniéndosele su madre la reina, que esperaba impacientemente su aparición. Volviendo a componer fieramente su rostro el elfo continuó.

-Pero esto no te lo consiento. Ya me has humillado bastante ante ella –con un dedo señalaba a la princesa, que le miraba con cara de asco musitando un “niñato” entre dientes-. No, no voy a huir. ¡Quiero quedarme a pelear!

Andrés, que nada había dicho dejándole hablar, empezó a cabrearse también.

-¡Pero bueno! Esta es mi historia y aquí se hará lo que yo quiero, que para algo soy el escritor. Además, no te quejabas de los regalos que te hacía el rey, ni cuando ese pueblo te aclamó como héroe por error. No, me dejabas hacer… ¡Pues ahora igual! Venga, calla de una vez y vuelve a tu sitio.

-No –dijo terco-, no voy a obedecer ésta vez.

-A su espalda, el padre del pequeño elfo le puso su mano en el hombro, intentando tranquilizarle, y le dijo con su voz suave y aflautada:

-Pero hijo… Él sabe lo que hacer. Ten en cuenta que él te ha creado, y como padre seguro que quiere lo mejor para ti…

-¿Lo mejor para mí? –apartó de un golpe la mano de su padre, ante el asombro de todos los personajes. La pelea iba creciendo y eso no podía ser bueno. Había pasado de entretenimiento a discusión absurda, pues todos ellos sabían que en última instancia sería Andrés el que tendría la razón. Siempre era así, por algo era el escritor-. Pues si esto es lo mejor que quiere para mí mi “padre”, ya no quiero ser más su hijo. ¿Sabéis lo que os digo? Que ya no quiero estar en ésta historia. Me voy, a ver si el omnipotente Andrés puede acabar sin mi.

Y antes de que nadie pudiese darse cuenta, abandonó la habitación dando un portazo. Andrés alzó la mano acallando los murmullos, y con voz tranquila dijo:

-Dejadle marchar. A ver, princesa, alcánzame las hojas.

Volviéndose a sentar como antes ante su escritorio, siguió leyendo la historia, en la que, tropezándose con una piedra, el pequeño elfo acababa de morir con la cabeza abierta.

Se oyó fuera un grito…

Relato registrado en el Ministerio de Cultura. Por favor, contacta conmigo si deseas conocer los números de registro. Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos por la ley y bajo los apercibimientos legales previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin autorización previa.

2 respuestas a “Rebeldía

  1. Carmen de Loma dice:

    Jejeje Que escritor más cruel, que mata a su personaje por rebelde… XD Gran pequeña historia, Andrés. Un abrazo!! Y felices fiestas!! Por cierto, me estoy releyendo Tras el arco de hiedra para entrar en la historia desde el principio. Mira que me llega a gustar ^^ Un abrazo!! Y felices fiestas!!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s