Reto 11/12 – La guinda del pastel

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—Oye.
—‎…
—‎Háblame.
—‎…
—‎Háblame, por favor.
—‎…
—‎Dime por qué estás haciendo esto. Dime qué demonios hago aquí, o quién eres… Háblame del tiempo, o de… De lo que sea. ¡Pero háblame!
—‎…
—‎Llevo aquí ya… no sé ni cuántos días llevo aquí encerrada. Sin ver nada, sin escuchar a nadie. No entiendo nada…
—‎…
—‎Sé que estás ahí, puedo escuchar tu respiración. ¿Eres tú quien me trajiste aquí? ¿Qué quieres de mí?
—‎…
—‎¡Dime algo, por todos los dioses!
—‎…
—‎Dime algo, por piedad…
—‎Doce.
—‎¡Tienes voz! ¡Por fin! Por favor, dime qué quieres de mí. Lo que sea, intentaré conseguirlo. Pero libérame. Mi niño me está esperando, iba al recogerlo al colegio cuando me…
—‎Doce.
—‎Doce… ¿qué?
—‎Doce días. Llevas doce días conmigo.
—‎Vale, doce, si. Pero dime qué puedo hacer para que me saques de aquí. O por lo menos quítame la venda de los ojos, aflojame las ataduras. Por favor…
—‎Haces demasiadas preguntas.
—‎¿Qué? O sea… ¿A qué te refieres?
—‎A eso. Cállate, me estás entreteniendo, y ya casi he terminado. Cada día lo mismo. ¿Por qué haces esto…? ¿Quién eres…? ¿Qué quieres de mí? Eso no importa. Tan solo déjame terminar.
—‎Pero… No entiendo…
—‎…
—‎No, por favor, no vuelvas a callarte.
—‎…
—‎Vuelve a hablarme. Por favor. Ahora que has empezado no dejes de hablarme. No, por favor…
—‎…
—‎Por favor…
—‎Bueno, ya no importa, puedes seguir con tu cháchara.
—‎¿A qué te refieres?
—‎Terminé.
—‎¿El qué?
—‎Mi gran obra, Diana. Tras tanto tiempo la terminé. Pero tú no puedes saber de qué hablo…
—‎¡No, demonios, no tengo ni idea! ¡No sé quién eres, ni qué hago aquí! ¿Cómo iba a saberlo?
—‎Cierto, cómo ibas a saberlo…
—‎…
—‎Por fin has decidido callarte… Vamos, no llores. No ahora, ha llegado tu momento.
—‎…
—Deja que te quite la máscara. Un segundo… Así. Ya está.
—‎Tú…
—‎Si, yo. Antes preguntabas qué hacías tú aquí. Eres una chica lista, creo que podrás adivinarlo por ti misma.
—‎No puede ser..
—‎Si, eres la guinda del pastel. Eres el punto y final del mensaje. Eres la clave Diana.
—‎Estás loca…
—‎Ten cuidado al moverte, los cables son inestables. El más mínimo movimiento y…
—‎No te saldrás con la tuya, tarada. Nunca.
—‎Ya he llamado al cónsul. Ha asegurado que vendrá solo. Y le creo, si alguien os viese juntos… Imagínate.
—‎Por eso me secuestraste… Es una trampa…
—‎Si. Y tú eres el cebo.
—‎…
—‎Si, mejor, cállate. Espera y haz tu papel.
—‎No…
—‎Yo ahora tengo que irme. Se buena y espera a que llegue el momento, ¿de acuerdo?
—‎No, no…
—‎Adiós, Diana.
—‎Esto no puede acabar aquí. No así… No…
—‎…
—‎No quiero morir…
—‎…
—‎No quiero morir así… No ahora… No… Espera, ¿Que es eso? ¿Pasos?
—‎Diana, cariño, ¿eres tú?
—‎¡Mierda! ¡Antoine, cuidado, es una trampa! ¡Cuidado!
—‎Está aquí, tras esta puerta, puedo escucharla. Ayudadme, está cerrada. Vamos, ¡empujar! ¡Otra vez más! ¡Ya está!
—‎Antoine…
—‎¡Diana! ¿Estás bien?
—‎Cuidado, mi amor.
—‎¿Qué son todos esos cables? ¿Quién te ha hecho esto? Juro que me vengaré de quien haya sido. ¿Estás herida?
—‎No te acerques, mi amor.
—‎¿Cómo no voy a acercarme? Espera, que aparte estos cables…
—‎Lo siento, mi amor…
—‎No digas nada. Solo uno más y…
—‎¡BOOOM!

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