Reto 15/52 – La gacela de madera

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Los tres niños-dioses se pusieron de cuclillas sobre la arena del desierto formando un triángulo. Miraron la hermosa talla de madera que reposaba entre ellos: una esbelta gacela a punto de echar a correr.

—Tenemos un problema, hermanos—empezó a decir la única niña del grupo, una niña ancha y fuerte, con una corona roja sobre el pelo negro. Señaló la figura con un dedo, mientras con la otra mano jugueteaba con la abeja de plata que tenía colgada al cuello—. Los tres queremos jugar con esa figura, pero tan solo uno puede hacerlo. La pregunta es… ¿quien?

Uno de los dos niños se levantó y gritó con voz poderosa. Vestía una piel de león que parecía no darle calor alguno. Agarró los dos cuernos de toro que tenía en su cinturón; con uno de ellos señaló al cielo, con el otro al juguete de madera.

—Yo, Menu, debo jugar primero con la talla. Es una figura de madera, y la madera es mi responsabilidad. -Las dos plumas que adornaban la cabeza del niño se agitaron violentamente. A mi me corresponde ese honor.

Y, sin esperar respuesta, se levantó y extendió una mano hacia la gacela.

—¡Un momento!—le cortó el otro niño, más menudo y delgado, con cara de perro y ropajes negros—. Esa talla antes fue madera, pero ahora es un objeto inerte, sin vida. Y la muerte es mi responsabiilidad.

—¡Cállate, Inpu! No es verdad lo que dices. La madera es mi…

—La madera VIVA es tu dominio, pero la madera muerta pertenece ya al reino de los objetos muertos.

Menu bajó los cuernos de toro que empuñaba en sus manos, pensativo.

—Nunca lo había pensado de esa forma… Quizás tengas razón.

La niña sonrió, entrecerrando los ojos.

—No tiene sentido.

—¿Como dices, Net?

—La madera es madera, eso es cierto, esté cortada, tallada o plantada.

—¿Ves?—gritó Menu triunfal, volviendo a alzar lo cuernos sobre su cabeza—. ¡Lo sabía! ¡La talla me pertenece por derecho!

—Pero…

Los dos niños volvieron a mirar a Net.

—Pero, como dice Inpu, esa gacela es un ser inerte, un ser sin vida. Está muerto.

El niño con cara de perro aulló, feliz.

—¡Eso es! Net tiene razón. ¡Es a mí a quien le pertenece la talla!

—Os pertenece a los dos, es lo extraño…

Los niños miraron a su amiga, luego se miraron entre ellos.

—Eso no tiene sentido, ¡esta gacela es mía!

—¡Tú si que no tienes sentido, Menu! Te voy a…

—¡Ven si te atreves!

Los dos niños se enzarzaron en una pelea a un metro de la niña y la talla de madera. Ella sonrió, dejándoles hacer. Al poco rato la pelea se fue incrementando. Los dos pequeños dioses aplicaron sus poderes de creación y destrucción atacando con todo lo que tenían a su alcance, rodando por la arena.

Desde la distancia, la niña se ajustó la corona roja y cogió la gacela de juguete con decisión. Sonrió.

—Niños… Todo puños, nada en la cabeza…

Y, silbando una tonada, se puso a jugar con la gacela.

—Lo supe desde el principio. Me pertenecías a mi, pequeña…

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