Reto 16/52: Victoria

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No me lo podía creer. Cada párrafo que leía era peor que el anterior. No por la historia, que no estaba mal. Pero esa tal Victoria D’Ascolli, la protagonista… No la aguantaba. ¡No tenía sentido nada de lo que hacía!
A veces me sorprendía a mí mismo gritándole al libro.
—¡Pero niñata! ¡Espabila! No me creo nada de lo que haces, nadie pensaría cómo lo haces tú, nadie actuaría de esa forma. ¡No tiene sentido! Y esos dos son más de lo mismo. ¿Aceptar la situación como algo normal sin más? ¿En serio?
Lo que no me esperaba es que, cientos de páginas después del primer improperio, una voz en mi cabeza me respondería.
—No me juzgues solo por lo que lees.
Me quedé congelado, mirando en todas direcciones. Pero no, estaba solo.
—Te estoy hablando a ti, no disimules ahora.
—¿A mí?
Escuché un suspiro de hastío que parecía venir de mi interior.
—No hay nadie más aquí, ¿a quien si no?
—¿Quién eres? ¿Dónde estás?
—Para no saber quién soy me estás poniendo a caldo. Vaya boquita que tienes. Que soy casi una niña, joder.
Tragué saliva.
—¿Vic… Victoria?
—Mira, si se acuerda de mi nombre ahora.
—¿La Victoria de las novelas?
—Así es.
—Pero… ¡Eso no es posible! ¡Eres tan solo un personaje, las novelas son simples libros!
—No —casi pude imaginármela negando vigorosamente con la cabeza—. Un libro es mucho, mucho más. Tú deberías saberlo, ya que también escribes. Un libro es algo poderoso. Es magia.
—Estoy alucinando…
—Yo si que estoy alucinando con todo lo que estás diciendo sobre mi.
—Pero… Pero…
—A ver, ¿pero qué? ¿Que es eso tan absurdo en mis decisiones? No tienes ni idea de cómo soy de verdad, ni de qué me mueve. Es injusto que trates de absurdas mis decisiones. Ni tú ni nadie puede juzgarme. Nadie.
Con el libro aún abierto por la misma página, decidí seguirle el juego a mi desquiciada cabeza. ¿Estaría enloqueciendo del todo?
—Pues a ver. Que te gusten dos chicos de la misma forma, a la vez… Psché, raro, pero pase. No me lo trago, pero aceptémoslo. Pero que esos dos chicos que sigan el juego con tan poca queja… Qué Jack lo acabe viendo como algo normal… Que no, que no me lo creo. Y no me creo que tú puedas querer a los dos por igual. ¿Por igual? Imposible.
—¿En serio crees eso?
—Pues si. Y además, ¿qué es eso de que no puedo juzgarte solo por lo que leo aquí? ¡Eres el personaje de una novela, solo tengo estas letras para conocerte! Es legítimo que opine de ti con lo que estoy leyendo. Nadie puede reprochármelo.
La voz en mi cabeza se desvaneció durante un minuto. Llegué a pensar que ya no volvería, cuando sus notas suaves y agudas resonaron de nuevo.
—En parte tienes razón.
—¿Solo en parte?
—Mmmm… Vale, de acuerdo. Tienes bastante razón. Pero no toda. Y no, hay mucho más de mí que lo que hay escrito en estas páginas. Si me lo permites, te hablaré de la auténtica Victoria.
—Pues —vacilé, sin terminar de creerme lo que estaba pasando—… Vale.
—Muy bien. Siéntate, tenemos para un buen rato
Y hablamos, durante horas. Al principio me sentía algo estúpido ahí hablando con una voz de mi cabeza. Sentía que estaba enloqueciendo. Pero la conversación fue interesante. Mucho. Y larga; al primer día le siguieron otros muchos. Y conocí a una Victoria nueva, más compleja, llena de aristas y colores. Una Victoria más interesante. Mucho, mucho más interesante.
De hecho, creo que empecé a comprender a otros personajes de la saga.
—Victoria, tenías razón. Fue un error juzgarte como la hacía antes.
—Me alegra escuchar eso, de verdad.
—Eres una chica de lo más interesante.
—Ya…De hecho… —me sonrojé en la soledad de mi habitación—. Nunca pensé que iba a decir algo así.
—Oh, no, no, no…
—Creo que me he enamorado de ti. Comprendo más que nadie ahora a Kirtash y a Jack. No puedo evitarlo. Sé que es una locura, pero… —inspiré profundamente—. Victoria, te quiero.
La voz de mi cabeza hizo un larga pausa antes de susurrar:
—Mierda.

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