Vacaciones soñadas

romerdenia-propiedades_5b1675a7ad3ea-520x347.jpg

—¡Lo he encontrado!

Elena miró a su mujer desde la terraza, donde miraba el tránsito incesante de la gente en la calle. En su mano humeaba una gran taza de café con leche. Patricia siempre desayunaba de la misma forma, apurando los pocos minutos que tenía antes de ir a trabajar en su atalaya del balcón.

Patricia se volvió levemente y dio un largo sorbo a su café.

—¿Qué has encontrado qué?

—El lugar con el que soñé. El lugar donde vamos a pasar nuestrasw vacaciones.

Aquello por fin llamó la atención de Patricia. Se terminó el café de un sorbo y cerró la puerta de la terraza. Los ruidos de la ciudad se desvanecieron al instante, sumiendo la casa en un silencio casi sonoro.

—¿El sueño de la casa que has tenido estos días?

Elena asintió.

—Sí. Ese tan raro en el que me sentía en un lugar conocido. Te lo juro, es muy extraño soñar con un lugar totalmente desconocido y sentirme como en casa. Conocía cada habitación, cada rincón. ¡Y encima he soñado con esa casa varios días!

—Pues si que es raro, cariño.

Elena se acercó con un portátil abierto. En la pantalla se veía una galería de fotos de una vivienda. A lo lejos, un paisaje idílico se extendía hacia un mar amplio y azul. También destacaba un hermoso castillo elevado sobre todos los edificios.

—¡Qué bonito!

Elena asintió.

—Recordaba tan bien la forma de la casa, el color de las paredes, la decoración… ¡Todo! Así que me dio por hacer un experimento. Busqué y… ¡Tachan! Eran unos adosados en denia. Son bonitos, ¿a que sí?

Patricia asintió.

—Pues… ¿Qué te parece si reservamos uno de ellos para las vacaciones de este año?

—Pues no es mala idea en absoluto. Así tendremos unas auténticas vacaciones soñadas.

Ambas rieron. Luego, con una sonrisa en los labios, Patricia miró a Elena de medio lado.

—Mira tú… ¿Y si resulta que nos has salido vidente o algo así?

—Anda, no seas tonta… Reservaré un par de señanas antes de marcharme al trabajo.

Patricia miró su reloj.

—¡Ey, yo me marcho ya! ¡Adiós, cariño!

Se despidieron con un beso en la puerta. Antes de cerrar, Patricia se giró y susurró.

—Te traeré uan bola de cristal, para que vayas practicando, brujita mía.

El cojín del sillón e estrelló contra la puerta de la entrada. Patricia no dejaba de reír al otro lado, alejándose.

Elena sonrió, recogió el cojín y volvió ante la pantalla del portátil.

—Allá vamos, Denia. Allá vamos, sueño…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s