Vacaciones soñadas

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—¡Lo he encontrado!

Elena miró a su mujer desde la terraza, donde miraba el tránsito incesante de la gente en la calle. En su mano humeaba una gran taza de café con leche. Patricia siempre desayunaba de la misma forma, apurando los pocos minutos que tenía antes de ir a trabajar en su atalaya del balcón.

Patricia se volvió levemente y dio un largo sorbo a su café.

—¿Qué has encontrado qué?

—El lugar con el que soñé. El lugar donde vamos a pasar nuestrasw vacaciones.

Aquello por fin llamó la atención de Patricia. Se terminó el café de un sorbo y cerró la puerta de la terraza. Los ruidos de la ciudad se desvanecieron al instante, sumiendo la casa en un silencio casi sonoro.

—¿El sueño de la casa que has tenido estos días? Seguir leyendo “Vacaciones soñadas”

Puja

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Esteban llevaba años viviendo con una voz interior. Esa voz era a veces encantadora, a veces desagradable. Le pedía cosas, pero Esteban siempre la ignoraba. No era un necio. Esa voz… Había aprendido a dominarla.

Pero era molesta, no le permitía vivir con normalidad. Aun habiéndola dominado, a veces sus palabras le hacían mella…

Por fin, cuando Esteban cumplió cuarenta años, se decidió a acallarla de una vez por todas. Se metió en mil y un cursos de autoayuda, buscando algo que acallara a la voz. Emprendió viajes en busca de conocidos gurús. Se sometió a curas experimentales… Se ofreció a probar todo menos la ayuda de un psicólogo. No era una enfermedad mental, no era locura. Aquella voz era física, existía. Era real. Puede que estuviera solo en su cabeza, pero no era una invención. Seguir leyendo “Puja”

Reto 10/52 – Silencio, noche, ausencia…

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Se despertó.

La oscuridad era total en la habitación. No estaba encendida ni la pequeña luz nocturna que dejaban encendida para su bebé. Extrañado, se volvió hacia su esposa, apartando las mantas y… nada. Su esposa no estaba. Miró hacia la cuna y se dio cuenta de que tampoco estaba allí el bebé. No reparó en como podía estar tan seguro en medio de aquella densa oscuridad, pero sabía que no estaba allí. No había nadie en la habitación.

Intrigado, se levantó. ¿Se habría despertado la niña? ¿Estarían en el salón? Caminó lentamente, escuchando los leves crujidos del parquet. Seguir leyendo “Reto 10/52 – Silencio, noche, ausencia…”

La sonrisa de un niño

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La mansión se erguía silenciosa en la colina. Sergio, mi amigo, caminaba veloz a mi lado, con una mueca de seguridad iluminándole el rostro. La verja oxidada que daba paso al descuidado jardín se abrió exhalando un gemido prolongado. Sentí como un escalofrío recorría mi espalda cuando repentinamente oí otra vez la voz de mi amigo:

—Ahora no tienes que tener miedo. —Bajó el tono de sus palabras hasta convertirlas casi en un susurro—. Pronto estaremos ante ella…

Desde que desapareció el último de los niños de la familia Ibarra, que ocuparon muchos años atrás la mansión, nadie había vuelto a poner un pié en sus vacíos corredores. Y todas las historias que acerca de esas desapariciones corrían por el pueblo me asaltaron de golpe mientras sentía como me acariciaban los colgantes tallos de las enredaderas que parecían arrojarse de las oscuras paredes. Sergio comenzó a descorrer suavemente la pesada aldaba que mantenía firmemente cerrada la doble puerta de la mansión.

El luminoso día contrastaba con la oscuridad del ancho pasillo que nos aguardaba tras la puerta. Notaba como la oscuridad se adueñaba de nosotros mientras Seguir leyendo “La sonrisa de un niño”

Rebeldía

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“Y desmontando rápidamente de su dorado corcel, el pequeño elfo se puso a correr tan rápidamente que ni el viento pudo seguirle en su huida, intentando buscar en su memoria una situación como aquella de la que hubiese salido con antelación…”

-¿Qué se puso a huir?

Andrés estaba sentado en su mesa, rodeado de papeles y con un grueso pliego de folios en la mano, desde los cuales narraba uno de los últimos capítulos de su próxima historia. A su alrededor, todos los personajes de sus cuentos le miraban, algunos fijamente, otros con cara distraída. Entre todos ellos destacaba el pequeño elfo (no tan pequeño en comparación con el escritor, pues es sabido que los elfos son desde niños de talla elevada) al que hacía referencia en ese instante, Seguir leyendo “Rebeldía”

Se acabó la fantasía

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De Santos..

Mateo de Santos. Noble infanzón, fiel servidor del rey Alfonso X, y fiel servidor de la belleza contenida en la sonrisa de los niños que a diario le acompañaban a los pies de su también fiel montura, Tronador, cuando, derrochaba su creciente valentía, marchaba a cumplir los edictos que Dios le imponía día a día, sin descanso…

O Mateo de Santos. Escritor pasado de años ya. Una incipiente calva sirve de corona a una gran cabeza, poblada por una espesa barba que enmarca unos finos labios, incapaces de sonreír. Fiel caballero al servicio de una causa hace tiempo olvidada, y fielmente acompañado, día y noche, de su más intimo vasallo: la melancolía de saberse acabado.

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Once conchas para Irene

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Sara esgrimió orgullosa un precioso collar de conchas. Diez eran marinas, y la undécima era de un cristal del color del agua del mar.

—¿De donde lo has sacado? –gritaron sorprendidas sus amigas. Ella, sonriente, les señaló con el dedo la playa.

Un mendigo paseaba renqueante por la orilla, sobre la arena mojada lamida sin descanso por las olas. Mientras se alejaba vieron como arrojaba algo al mar, lejos.

—Se lo he comprado a ese mendigo. El ya no lo quería para nada. Además me ha contado una historia. La historia de este collar…

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