Reto 7/52: Fuera pesadillas

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Tras muchos días de pesadillas, la niña pudo por fin soñar.

Se vio a sí misma de espaldas, en medio de una pradera de hierba alta y salvaje, acunada por un sol tibio y juguetón; a su alrededor, la brisa mecía sus cabellos, arrastrando el perfume de mil flores. La niña inspiró profundamente, con los ojos entornados, dejando pasar los minutos.

Por fin, decidió ponerse en pie. La llanura parecía infinita. Lo único que se veía en la lejanía era un edificio antiguo, medio devorado por la vegetación. Era una construcción venerable, de piedras grises por las que reptaban las ramas delgadas de varios arbustos trepadoras. La niña sonrió, respirando lentamente, profundamente. El edificio le llamaba; niña asintió, sabiendo que nada podría dañarla en aquel mundo de ensueño. No allí. Era su paraíso. Continue reading “Reto 7/52: Fuera pesadillas”

Reto 6/52: Amantes

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—Cuando seamos abuelas, escribiremos un libro de nuestros ligoteos.

Maje rio con ganas de la ocurrencia, jugando con un mechón de su cabello. A su lado, en el suelo del garaje, el cadáver de Antonio se iba enfriando poco a poco. Ella le miró, aún con una media sonrisa en los labios, mientras al otro lado del teléfono su amiga charlaba animadamente.

«Tengo que preparar todo esto o se me echará el tiempo encima. Y tengo que ser cautelosa, como las otras veces».

Salvador había hecho un buen trabajo, sin duda. Continue reading “Reto 6/52: Amantes”

Reto 5/52: Tan solo soy un campesino…

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Todo empezó con un fogonazo de luz blanca.

Cirparac, sorprendido, se levantó del suelo, donde recogía tubérculos acuclillado, con la ayuda de una pequeña azada de metal. A su lado, Laídir agarró fuertemente las bridas de la yegua que tiraba del carro donde amontonaban las cestas que habían ido llenando desde primera hora del día. Ahora, el cielo casi siempre impoluto de la Tierra Verde lucía brillante, casi blanco, con el sol intenso en el centro.

—¿Qué demonios…?

—¡Soo, soo, Maira, bonita! ¡Soooo!

Laídir puso su mano en la frente del animal y se concentró, haciendo que se calmase en cuestión de segundos. Mientras, Cirparac aguzó su mirada.

—Viene de los árboles, allá —señaló la linde del bosque, a lo lejos.

Como si se hubiera sentido aludido, el fogonazo volvió a verse, súbito e intenso. Esta vez vino acompañado de un grito lejano, apenas audible.

—¿Ves qué lo produce, Crip?

El negó, sin decir nada. Continue reading “Reto 5/52: Tan solo soy un campesino…”

Reto 4/52: ¿Dónde estoy?

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Todo se había oscurecido, pero ya volvía a ver.

La cucaracha empezó a moverse una vez se recuperó de la confusión inicial. Primero torpemente, de un lado para otro, luego con más seguridad.

Sin saber donde se hallaba, escogió la opción de caminar en línea recta hasta llegar a cualquier lugar que pudiera considerar un refugio. Trepó sobre los restos de comida, rodeó los fragmentos de loza, se alejó rápidamente de la mesa y la silla en busca de una de las paredes.

A medida que se alejaba la escena se iba aclarando: la lámpara de aceite, encendida, revelaba una cena interrumpida, montones de nieve en el suelo, cerca de la puerta abierta. El viento moviendo los enseres y las cortinas. Y en medio, nada. Nadie.

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Reto 3/52: Picnic con la Muerte

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Bunnywind llevaba ya tanto tiempo corriendo que se había hasta olvidado de hacia donde corría.

Lentamente, con la lengua fuera, se volvió: nada.

—La he vuelto a dar esquinazo—suspiró con alivio, dejándose caer en el suelo—, menos mal…

A su lado se detuvo su equipaje, un gran arcón de madera que, tras darle un lengüetazo cariñoso, escondió sus decenas de patitas y cientos de dientes agudos y afilados dejándose caer a su lado de forma inocente.

Bunnywind se atusó sus largas orejas con pereza, sintiendo la caricia del sol, y por primera vez se permitió mirar a su alrededor con tranquilidad. Estaba en una pradera casi infinita. Aquí y allá se veían los típicos corrillos de comerciantes hurones, los carneros y las vacas granjeros, algunos juguetones pájaros que iban de grupo en grupo dando un poco por culo.

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Reto 2/52: Malditos chupitos…

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—Jodidos chupitos…

No sé cuántas horas llevaba encerrado en aquel antro, pero ya no aguantaba más. Jonás, tras bombardearme con historias de macarras y vaqueros —unas historias que parecían encantarle, las contaba cono si el mismo las hubiera vivido—, parecía haberse perdido en una de sus incursiones al baño; hacía minutos que no lo veía.

Betsy había desaparecido casi por arte de magia mucho antes. No me dí ni cuenta: simplemente me volví y desapareció. Jonás no le dio importancia, como si fuera lo más normal del mundo.

Betsy y Jonás… Vaya par de locos… Continue reading “Reto 2/52: Malditos chupitos…”

Reto 1/52: Division by zero

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Las dos astronautas se miraron con cara de circunstancias por enésima vez. Luego volvieron a pegar sus caras al cristal reforzado que las separaba del vacío.

—Cada vez está más frío…

Las luces de la nave se habían apagado muchas horas antes. Las pieles negras de las dos astronautas parecían desaparecer en la oscuridad interior, teñidas a segundos alternos del rojo de las luces parpadeantes de emergencia.

—¿Ha cambiado algo, Wangari?

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