La sonrisa de un niño

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La mansión se erguía silenciosa en la colina. Sergio, mi amigo, caminaba veloz a mi lado, con una mueca de seguridad iluminándole el rostro. La verja oxidada que daba paso al descuidado jardín se abrió exhalando un gemido prolongado. Sentí como un escalofrío recorría mi espalda cuando repentinamente oí otra vez la voz de mi amigo:

—Ahora no tienes que tener miedo. —Bajó el tono de sus palabras hasta convertirlas casi en un susurro—. Pronto estaremos ante ella…

Desde que desapareció el último de los niños de la familia Ibarra, que ocuparon muchos años atrás la mansión, nadie había vuelto a poner un pié en sus vacíos corredores. Y todas las historias que acerca de esas desapariciones corrían por el pueblo me asaltaron de golpe mientras sentía como me acariciaban los colgantes tallos de las enredaderas que parecían arrojarse de las oscuras paredes. Sergio comenzó a descorrer suavemente la pesada aldaba que mantenía firmemente cerrada la doble puerta de la mansión.

El luminoso día contrastaba con la oscuridad del ancho pasillo que nos aguardaba tras la puerta. Notaba como la oscuridad se adueñaba de nosotros mientras Continue reading “La sonrisa de un niño”