Reto 15/52 – La gacela de madera

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Los tres niños-dioses se pusieron de cuclillas sobre la arena del desierto formando un triángulo. Miraron la hermosa talla de madera que reposaba entre ellos: una esbelta gacela a punto de echar a correr.

—Tenemos un problema, hermanos—empezó a decir la única niña del grupo, una niña ancha y fuerte, con una corona roja sobre el pelo negro. Señaló la figura con un dedo, mientras con la otra mano jugueteaba con la abeja de plata que tenía colgada al cuello—. Los tres queremos jugar con esa figura, pero tan solo uno puede hacerlo. La pregunta es… ¿quien? Continue reading “Reto 15/52 – La gacela de madera”

Reto 13/52 – Ceras afiladas

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La agente Robles volvió a leer el pequeño trozo de papel arrugado, protegido en el interior de una bolsa de pruebas. Luego miró al detenido, un profesor delgado, mal afeitado, que rondaría la cincuentena. Estaba sentado en la parte trasera del furgón policial, en espera de que sus compañeros terminasen de realizar su trabajo con la recogida de indicios para trasladarlo a la comisaría. Volvió a leer la nota por tercera vez. Volvió a mirar al profesor. Suspiró.

—¿Y dice que no sabe quién le enviaba estas notas? ¿Ni a qué se referían?

—No, señor. No, no tengo ni idea. Ni de lo uno, ni de lo otro.

—“Sé que fuiste tú, profe. Te vi hacerlo. No creas que no lo contaré.”

El profesor de estremeció levemente al escuchar el contenido de la nota. Era un pequeño papel mal cortado, con grandes letras escritas con ceras de diferentes colores. Continue reading “Reto 13/52 – Ceras afiladas”

La sonrisa de un niño

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La mansión se erguía silenciosa en la colina. Sergio, mi amigo, caminaba veloz a mi lado, con una mueca de seguridad iluminándole el rostro. La verja oxidada que daba paso al descuidado jardín se abrió exhalando un gemido prolongado. Sentí como un escalofrío recorría mi espalda cuando repentinamente oí otra vez la voz de mi amigo:

—Ahora no tienes que tener miedo. —Bajó el tono de sus palabras hasta convertirlas casi en un susurro—. Pronto estaremos ante ella…

Desde que desapareció el último de los niños de la familia Ibarra, que ocuparon muchos años atrás la mansión, nadie había vuelto a poner un pié en sus vacíos corredores. Y todas las historias que acerca de esas desapariciones corrían por el pueblo me asaltaron de golpe mientras sentía como me acariciaban los colgantes tallos de las enredaderas que parecían arrojarse de las oscuras paredes. Sergio comenzó a descorrer suavemente la pesada aldaba que mantenía firmemente cerrada la doble puerta de la mansión.

El luminoso día contrastaba con la oscuridad del ancho pasillo que nos aguardaba tras la puerta. Notaba como la oscuridad se adueñaba de nosotros mientras Continue reading “La sonrisa de un niño”