Reto 4/52: ¿Dónde estoy?

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Todo se había oscurecido, pero ya volvía a ver.

La cucaracha empezó a moverse una vez se recuperó de la confusión inicial. Primero torpemente, de un lado para otro, luego con más seguridad.

Sin saber donde se hallaba, escogió la opción de caminar en línea recta hasta llegar a cualquier lugar que pudiera considerar un refugio. Trepó sobre los restos de comida, rodeó los fragmentos de loza, se alejó rápidamente de la mesa y la silla en busca de una de las paredes.

A medida que se alejaba la escena se iba aclarando: la lámpara de aceite, encendida, revelaba una cena interrumpida, montones de nieve en el suelo, cerca de la puerta abierta. El viento moviendo los enseres y las cortinas. Y en medio, nada. Nadie.

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Once conchas para Irene

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Sara esgrimió orgullosa un precioso collar de conchas. Diez eran marinas, y la undécima era de un cristal del color del agua del mar.

—¿De donde lo has sacado? –gritaron sorprendidas sus amigas. Ella, sonriente, les señaló con el dedo la playa.

Un mendigo paseaba renqueante por la orilla, sobre la arena mojada lamida sin descanso por las olas. Mientras se alejaba vieron como arrojaba algo al mar, lejos.

—Se lo he comprado a ese mendigo. El ya no lo quería para nada. Además me ha contado una historia. La historia de este collar…

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Relato: Tormenta divina

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Un sol cegador brillaba sobre la isla de Tabarca, intenso e inclemente. Sancho de Vema se puso la mano ante los ojos. El verano del año 1772 parecía más una venganza divina, un intento de los cielos de que cayera fuego del cielo.

Sancho volvió a mirar los planos, y dio las últimas instrucciones a los jefes de los grupos de obreros que finalizaban, por fin, la gran muralla de la isla, tras varios años de duro trabajo bajo la lluvia, el viento o el sol. Sobre todo el sol… Acarició el inconfundible sello de Fernando Méndez de Ras. Después, se tocó levemente las sienes, ya casi sin pelo, antes de sacar su pañuelo y enjugarse el sudor de la frente.

—Terminemos esta muralla cuanto antes —añadió por fin, para finalizar la reunión con los capataces, dándoles una palmada en las recias espaldas—, con las tres puertas todo estará acabado de una vez por todas. Ya sabéis lo que tenéis que hacer. Continue reading “Relato: Tormenta divina”