Reto 21/52 – La caja de madera, parte 2

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—¿¡Qué hay en la caja!?

Nicolás se había acercado furtivamente a la caja que reposaba en el aparador, tras las puertas de cristal cerradas. Por algún motivo desconocido, había decidido rematar su sigiloso acercamiento con un movimiento de kárate muy peliculero y una frase exclamada a voz en grito.

Luz se levantó del sofá en el que se acababa de sentar hacía apenas unos minutos —en la televisión Belén Esteban seguía repitiendo la misma frase una y otra vez por el capricho de un realizador que pensaba que aquello era la mar de divertido— y le dio un pescozón a su nieto. Continue reading “Reto 21/52 – La caja de madera, parte 2”

Reto 20/52 – La caja de madera, parte 1

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El sonido del timbre retumbó en los oídos de Luz.

—Leñe…

Levantó su cuerpo huesudo del sofá con cara de esfuerzo, bajó el volúmen de la televisión y fe a abrir.

—Mamá, te dejo a Nicolás —espetó su hija Amanda a modo de saludo, una mujer tan delgada como la propia Luz, de cabellos largos y morenos. Llevaba de la mano a un niño de cara pecosa, con ojillos despiertos que no dejaban de brillar —. No puedo quedarme mucho tiempo, tengo que irme a trabajar. Hoy tengo un día de mil demonios, jodido, jodido.

—¡Esa lengua, Amanda! ¡Que está el niño delante! Continue reading “Reto 20/52 – La caja de madera, parte 1”

Reto 18/52: ¡No leas esto!

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—Ojalá este día no se acabe nunca…
—Pues no sé yo si después de tanto tiempo seguiría siendo divertido.
—NI YO. ¿PUEDO PREPARARME OTRO MOJITO?
Asentí, sin dejar de mirar el sombrero tejano del Maestro, ni su cara siempre sonriente rodeada de aquella característica barba blanca. Era tan feliz…
No sé como había empezado todo, ni siquiera sabía si era real. Bueno, no podía ser real, obviamente. Si lo fuera significaría que había enloquecido del todo, y siempre había creído que aún me quedaban unos cuantos años para hacerlo. No, debía ser un sueño, pero un sueño maravilloso. ¡Estaba pasando un día con el Maestro! Nada menos que con sir Terry. Bueno, y con la muerte, que no se separaba de él. Continue reading “Reto 18/52: ¡No leas esto!”

Reto 17/52: Visiones

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—¡Coño, unas gafas!
Laura se acercó a las gafas de sol que reposaban sobre un banco de piedra totalmente expuesto al sol. Eran unas gafas excelentes, de cristales muy, muy oscuros con una tonalidad levemente azulada.
—Qué guapas, ¿de quien serán?
Miró a izquierda y derecha, colocándose un mechón de pelo tras la oreja. No había prácticamente nadie en el parque a aquella hora del mediodía, mucho menos bajo aquel sol que parecía querer fundir las baldosas del suelo.
—No se ve a nadie… —giró la cabeza un par de veces, antes de cogerlas con una sonrisa—. Pues nada, ¡para mi!
Se guardó las gafas en un bolsillo y siguió caminando en dirección al “Petit place”, la cafetería a la que iba cada día tras el trabajo para tomarse una cerveza y leer durante unas horas antes de regresar a su casa. Continue reading “Reto 17/52: Visiones”

Reto 16/52: Victoria

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No me lo podía creer. Cada párrafo que leía era peor que el anterior. No por la historia, que no estaba mal. Pero esa tal Victoria D’Ascolli, la protagonista… No la aguantaba. ¡No tenía sentido nada de lo que hacía!
A veces me sorprendía a mí mismo gritándole al libro.
—¡Pero niñata! ¡Espabila! No me creo nada de lo que haces, nadie pensaría cómo lo haces tú, nadie actuaría de esa forma. ¡No tiene sentido! Y esos dos son más de lo mismo. ¿Aceptar la situación como algo normal sin más? ¿En serio?
Lo que no me esperaba es que, cientos de páginas después del primer improperio, una voz en mi cabeza me respondería.
—No me juzgues solo por lo que lees. Continue reading “Reto 16/52: Victoria”

Reto 1/52: Division by zero

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Las dos astronautas se miraron con cara de circunstancias por enésima vez. Luego volvieron a pegar sus caras al cristal reforzado que las separaba del vacío.

—Cada vez está más frío…

Las luces de la nave se habían apagado muchas horas antes. Las pieles negras de las dos astronautas parecían desaparecer en la oscuridad interior, teñidas a segundos alternos del rojo de las luces parpadeantes de emergencia.

—¿Ha cambiado algo, Wangari?

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